Lecturas de hoy y su reflexión, miércoles 11 de noviembre de 2020.

Lecturas de hoy y su reflexión, miércoles 11 de noviembre de 2020. 32º semana del Tiempo Ordinario

Lecturas de hoy; el santo evangelio según san Lucas (17,11-19):

Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:

«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».

Al verlos, les dijo:

«Id a presentaros a los sacerdotes».

Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano.
Jesús, tomó la palabra y dijo:

«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».

Y le dijo:

«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”. —Mt 5:44

Evangelio de hoy y su reflexión.

En la primera de las lecturas de hoy, del santo evangelio según san Lucas, Jesús el Justo nos brinda tras una trama principal, la curación de los leprosos que salen al encuentro de Jesús apelando a su compasión, un mensaje con múltiples ramificaciones.

Por lo pronto, la propia curación por medio de la fe. No necesariamente una fe en Dios, ni en su Amor por la creación, ni en la vida eterna, ni en la progenitura del Señor sobre todos nosotros y el destino último que guarda para nosotros…  En este caso la fe podría reducirse perfectamente en la creencia de que alguien, en este caso Jesús, puede curarles. Y con tal propósito abordan al Justo en mitad del camino, igual que quizá podrían haber abordado a un impostor de creer  que podría curarles.

«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros»

Los leprosos apelan a la compasión de Jesús y entonces el Justo les envía a presentarse ante los sacerdotes. No les dice «estáis curados», simplemente les envía a los sacerdotes.  

«Id a presentaros a los sacerdotes»

Es la creencia de los leprosos en que, al ordenarlo Jesús, el presentarse ante los sacerdotes les curará lo que obra dicha curación en los diez.

“Conforme a vuestra fe os sea hecho”. —Mt 9:29

Y entonces llega la parte de la historia de las lecturas de hoy verdaderamente transcendental cuando, de camino a ver a los sacerdotes, los diez leprosos quedan súbitamente curados, pero entonces solo uno se vuelve a alabar a Dios y a postrarse de agradecimiento a los pies de Jesús el Justo. Solo uno de ellos.

«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?»

Lo que reafirma la idea de la fe interesadamente utilitarista de los leprosos, que apelan a la compasión de Jesús para satisfacer sus necesidades egoístas creyendo firmemente que el puede satisfacerlas, pero sin interés alguno en el por qué ni en virtud de quién es capaz de hacerlo.

Ellos anhelan un fin, y como tal instrumentalizan su fe en la capacidad de Jesús. Pero desoyen su mensaje y niegan a Dios. Todos los leprosos menos uno. 

El leproso extranjero que, más allá de la curación de sus males, obtiene un tesoro mucho mayor:

«Levántate, vete; tu fe te ha salvado»

La salvación de la fe auténtica, del reconocimiento sincero y de corazón de la grandeza de de Abba súbitamente redescubierta en su interior. El impío ha redescubierto la llama de Dios, y Abba, como el fiel pastor que encuentra a la oveja perdida que ha salido a buscar, lo acoge en su seno como al primero.

Y, ¿por qué permite Jesús que el resto de los leprosos se curen, aun renegando de Él, del mensaje de la grandeza de Dios? ¿Por qué no los devuelve a su estado, como respuesta a su ingratitud?

Pues porque el propio mensaje de Dios es precisamente ese: Dar sobre todo a aquellos de quienes no vas a recibir. Precisamente a ellos. Porque, ¿no es fácil dar a quién sabéis que os devolverá? ¿Qué mérito tendremos entonces, si hasta el más ruin de vez en cuándo da a quien le interesa dar?

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado” —Juan 13:34

El Amor, la consciencia de la progenitura por igual de Dios sobre todos nosotros, nuestra unión en Cristo ha de prevalecer siempre por encima de cualquier enfrentamiento o divergencia, en todo lugar y momento.

En los momentos más cruentos…

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”. — Mt5:44

En mitad de la guerra…

“Si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer pan; y si tuviere sed, dale de beber agua”. —Prov 25:21

En cualquier lugar…

“Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que peregrine entre vosotros; y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo, Jehová, vuestro Dios”. —Levítico 19:34

Jesús siempre reivindicó esta máxima de la progenitura de Dios sobre todos y nuestra condición de hermanos en Cristo. No permitamos la desunión. La unión hace la fuerza. No hagamos buena la máxima de los tiranos, el «divide y vencerás».

TODOS somos uno en Dios.

“Porque vosotros, hermanos, a libertad habéis sido llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. —Gálatas 5:13-14

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Lecturas de hoy, miércoles 11 de noviembre de 2020. 32º del Tiempo Ordinario

Salmo 22, 1b-3a. 3b-4. 5. 6

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

R/. El Señor es mí pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
 R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

El Señor asegura los pasos del hombre, se complace en sus caminos.

DESCUBRIENDO-A-DIOS-evangelio-de-hoy-lecturas-del-dia-great-joshua-earle

Lecturas de hoy, miércoles 11 de noviembre de 2020. 32º del Tiempo Ordinario.

Primera lectura del día de la primera carta del apóstol san Pablo a Tito (3, 1-7):

Querido hermano:

Recuérdales que se sometan a los gobernantes y a las autoridades; que obedezcan, estén dispuestos a hacer el bien, no hablen mal de nadie ni busquen riñas; que sean condescendientes y amables con todo el mundo.

Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, andábamos por el camino equivocado; éramos esclavos de deseos y placeres de todo tipo, nos pasábamos la vida haciendo el mal y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros.

Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hubiéramos hecho nosotros, sino, según su propia misericordia, nos salvó por el baño del nuevo nacimiento y de la renovación del Espíritu Santo, que derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, seamos, en esperanza, herederos de la vida eterna.

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