Lecturas de hoy y su reflexión, jueves 19 de noviembre de 2020.

Lecturas de hoy y su reflexión, jueves 19 de noviembre de 2020. 33º semana del Tiempo Ordinario

Lecturas de hoy; el santo evangelio según san Lucas (17,11-19):

EN aquel tiempo, aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:

«¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.

Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.

Evangelio de hoy y su reflexión.

Nadie es profeta en su tierra. Un médico no cura a quienes le conocen.

Solo en dos ocasiones los evangelios canónicos del Nuevo Testamento retratan a Jesús llorando. En esta primera de las lecturas de hoy, del santo evangelio según san Lucas, y ante la muerte de su querido Lázaro (Jn 11,35).

Jesús el Justo llora, pero no por sí mismo. Jesús no lloró por sí mismo nunca. Ni aún sabiendo de ese destino suyo por el que encarnó. No lloró en los momentos previos de la entrega. No lloró por el juicio, por las vejaciones de los salvajes y los ignorantes  que lo acechaban. Tampoco lloró por las negaciones de algunos de los suyos. Ni por las descarnadas torturas. 

No lloró al cargar con la cruz sobre su piel, lacerada por las torturas romanas, ni al ser clavado en ella. No lloró siquiera al ver el sufrimiento de las tres Marías y de Juan al pie de la cruz mientras lo observaban constreñidos por el sufrimiento. Y por supuesto no lloró cuando al fin sintió el momento de trascender la carne para resucitar en toda su gloria…

Jesús no llora por sí mismo sino por Jerusalén. Y no por las piedras, las calles y los edificios que conformaban arquitectónicamente Jerusalén en sí, sino por lo que evocaba esa Jerusalén: sus gentes, su tradición, el vínculo de esa tierra prometida con el pueblo de Dios…

Durante un ínfimo instante en en la debilidad de la carne en que ha encarnado, Jesús llora dejando entrever su impotencia y decepción por esa tierra suya que, ya no es que lo rechace, sino que se aboca a su propia destrucción, incapaz de recapacitar, de persistir en su ceguera y su sordera, en la fatal arrogancia de esos escribas y fariseos que se confabulan con los mercaderes descuidando la guía de su pueblo, en su incapacidad para, aun después de ver a Jesús en acción, aceptar tamaña gloria emanada de entre uno de los suyos.

Me puse de pie en medio del mundo y encarnado 
me aparecía a ellos. Los encontré a todos ebrios, no encontré a 
ninguno sediento. Y mi alma se apenaba por los hijos de los hombres, 
porque están ciegos en sus corazones y no ven que vacíos han 
entrado en el mundo y vacíos están destinados a salir del mundo de 
nuevo. Mas ahora están ebrios, cuando hayan sacudido su vino, 
entonces repensarán. 

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Lecturas de hoy, jueves 19 de noviembre de 2020. 33º del Tiempo Ordinario

Salmo 149, 1bc-2. 3-4. 5-6a y 9b

R/.  Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes

R/. Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
 R/.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R/.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles. R/.

El Señor asegura los pasos del hombre, se complace en sus caminos.

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Lecturas de hoy, jueves 19 de noviembre de 2020. 33º del Tiempo Ordinario.

Primera lectura del día del libro del Apocalipsis (5, 1-10):

YO, Juan, vi en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, y sellado con siete sellos. Y vi a un ángel poderoso, que pregonaba en alta voz:

«¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?».

Y nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro ni mirarlo. Yo lloraba mucho, porque no se había encontrado a nadie digno de abrir el libro y de mirarlo. Pero uno de los ancianos me dijo:«

Deja de llorar; pues ha vencido el león de la tribu de Judá, el retoño de David, y es capaz de abrir el libro y sus siete sellos».

Y vi en medio del trono y de los cuatro vivientes, y en medio de los ancianos, a un Cordero de pie, como degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados a toda la tierra. Se acercó para recibir el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono.

Cuando recibió el libro, los cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero; tenían cítaras y copas de oro llenas de perfume, que son las oraciones de los santos. Y cantan un cántico nuevo:

«Eres digno de recibir el libro
y de abrir sus sellos,
porque fuiste degollado, y con tu sangre
has adquirido para Dios
hombres de toda tribu,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinarán sobre la tierra».

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