Lecturas de hoy y su reflexión, viernes 27 de noviembre de 2020

Lecturas de hoy y su reflexión, viernes 27 de noviembre de 2020. 34º semana del Tiempo Ordinario

Lecturas de hoy; el santo evangelio según san Lucas (21,29-33):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola:

«Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano.

Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán

Evangelio de hoy y su reflexión.

La primera de las lecturas de hoy, del santo evangelio según san Lucas, Jesús el Justo emplea una parábola para abrirles los ojos a sus seguidores ante los signos de la fatal madurez de Jerusalem, y su previsible y consecuente caída. Una caída que iba más allá, en realidad, de la de la propia Jerusalem,

”Sabed que en los últimos días habrá tiempos difíciles. Porque los hombres serán egoístas, amigos del dinero, jactanciosos, arrogantes, soberbios, altivos, blasfemos, rebeldes a sus padres, desagradecidos, implacables, insensibles, desleales, difamatorios, calumniadores, inoportunos, crueles, enemigos de los buenos, traidores, arrastrados, hinchados de orgullo, amantes del placer más que de Dios».

¿Les suena?

Y porque la iniquidad será mayor, el amor del mayor número se enfriará” —Mateo 24:12

En aquellos tiempos, igual que ahora, los hombres vivían sus vidas ajenos a su amado compromiso para con Dios, y relajados ante la iniquidad que acecha en las sombras presto a corromper cada resquicio de la Creación a la menor oportunidad. Más aún, alentando, cuando no abrazando (por acción u omisión) el avance de dicha iniquidad, toda vez que, el pueblo, ha dado la espalda a su compromiso para con Dios y a sus propios hermanos. El pueblo se ha abandonado a sí mismo, auoproclamándose huérfano y Señor.

Sed {de espíritu} sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda {al acecho} como león rugiente, buscando a quien devorar.

Como las vírgenes insensatas que no se preocuparon de mantener la llama del candil encendida, los hombres han extraviado el camino y ahora se enfrentan a las consecuencias de sus propias y voluntarias acciones y/u omisiones,

«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.»

«Igual que en los tiempos de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.»

Ayer y hoy, es nuestra propia renuncia para con nuestro compromiso cristiano lo que nos aboca a una nueva caída. Un compromiso que es arduo y complicado, toda vez que nos exige actuar siempre en virtud de lo correcto y no de lo conveniente.

Lo correcto y no lo conveniente.

Y he ahí precisamente donde radica la auténtica exigencia de ese compromiso cristiano al que nos referimos: La costosa elección de sacrificarse en muchas ocasiones para priorizar lo correcto en lugar de permanecer en nuestra zona de confort mirando hacia otra parte, obviando nuestro deber, los votos de nuestro compromiso. Excusándolos con unas u otras justificaciones indulgentes que nos eviten el trago de actuar debidamente.

Pero esa indulgencia no es sino el primer paso de un camino que conduce inmediatamente hacia la dejadez, y a esa dejadez la sucede luego la corrupción, y finalmente el mal y la oscuridad.

Sed {de espíritu} sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda {al acecho} como león rugiente, buscando a quien devorar.

Oscuridad como la del cuarto de aquellas vírgenes insensatas cuyas lámparas no han sido preparadas y encendidas para cuando regrese el dueño de la casa, que entonces se irá. Y el cuarto quedará vacío.

”Velad, pues, y orad en todo tiempo, para que tengáis la fuerza de escapar de todas estas cosas que han de suceder, y de estar en pie delante del Hijo del hombre”—Lc 21,36

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Lecturas de hoy, viernes 25 de noviembre de 2020. 34º del Tiempo Ordinario

Salmo 83

R/. He aquí la morada de Dios entre los hombres

R/. Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo.
 R/.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo,
Rey mío y Dios mío. R/.

Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichoso el que encuentra en ti su fuerza.
Caminan de baluarte en baluarte. R/.

Dichoso el que encuentra en ti su fuerza. Caminan de baluarte en baluarte

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Lecturas de hoy, viernes 27 de noviembre de 2020. 34º del Tiempo Ordinario.

Primera lectura del día del libro del Apocalipsis 20, 1-4. 11-21,2

YO, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una cadena grande en la mano. Sujetó al dragón, la antigua serpiente, o sea, el Diablo o Satanás, y lo encadenó por mil años; lo arrojó al abismo, echó la llave y puso un sello encima, para que no extravíe a las naciones antes que se cumplan los mil años. Después tiene que ser desatado por un poco de tiempo. 

Vi unos tronos y se sentaron sobre ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen y no habían recibido su marca en la frente ni en la mano. Estos volvieron a la vida y reinaron con Cristo mil años.

Vi un trono blanco y grande, y al que estaba sentado en él. De su presencia huyeron cielo y tierra, y no dejaron rastro. Vi a los muertos, pequeños y grandes, de pie ante el trono. Se abrieron los libros y se abrió otro libro, el de la vida. Los muertos fueron juzgados según sus obras, escritas en los libros. El mar devolvió a sus muertos, Muerte y Abismo devolvieron a sus muertos, y todos fueron juzgados según sus obras. Después, Muerte y Abismo fueron arrojados al lago de fuego —el lago de fuego es la muerte segunda—. Y si alguien no estaba escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.

Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo.

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